sábado, 4 de julio de 2015

La fiesta

Antes de que bajaramos a la cámara mis vampiros habían bajado para preparar al anfitrión para la noche, dándole sangre.
Ahora en el presente, todos estamos mirando al ataúd abierto. Hemos hecho lo que había que hacer para la preparación. Deshicimos el hechizo que lo mantenía en hibernación y le suministramos sangre, algo que habíamos hecho salió mal. Todos estábamos murmurando y se oía preguntarse qué estaba pasando.
-Si..len...cio- decía una voz ronca-.
La voz provenía del ataúd y él hombre se sentó y se giró hacia atrás para mirarnos. Se veía débil y tenía un aspecto horrible. Un pestañeo y él hombre ya no estaba.
-¿En qué año estamos?- decía roncamente-.
-Señor, estamos a veintidós de febrero de dos mil quince.
-¡Callate Layla! ¿Beatrix?
-Estamos en dos mil quince, señor. Ya han pasado los cincuenta años. Espero que se sienta cómodo, mi gente se ha ocupado de usted estos últimos días y hasta hemos hecho una fiesta en su honor.
-Una fiesta -murmuraba-. Espero que hayan invitado a mis amigos. Este sueño me ha parecido una eternidad y eso es bueno, porque me he liberado de mis preocupaciones durante cincuenta años -decía mientras caminaba de un lado a otro mirándonos-. Beatrix, has hecho un gran trabajo y con eso te concedo un regalo que podrá ser cualquier cosa como mi apoyo, mi ayuda, mi opinión... lo que quieras Némesis.
-Gracias Valtor. Seguramente todavia tendra hambre, si no le importa que le de mi opinión...
-No, no me importa.
-Bueno, entonces le recomendaría que fuera a la fiesta a comer algo. ¡Ah! Esta no es la misma casa de antes, le proporcionare alguien que le lleve a su habitación para que se cambie.
-Claro, encantado.
Asigne Cassandre y a August para que lo acompañase. El resto nos fuimos a la fiesta, pero creo que London no se va a divertir demasiado. Una vez allí, la gente bebía sus copas de sangre, bailaban y hablaban hasta que llegó Valtor. Todos se sentaron cada uno en su mesa, yo me senté en la mesa grande con forma de u al lado de Valtor y en él otro lado London. Valtor alzó su copa y se levantó.
-Han pasado cincuenta años desde que me dormí para tomar un descanso de la vida que llevaba en el occidente, ahora me he despertado con la misión de hacer que mi clan se convierta en parte de la historia como el clan de Beatrix, aunque me lleve milenios. Soy hombre de patria y haré que mi patria me adore y me recuerde de por vida, cambiaré la historia. Ahora en adelante yo Valtor vuelvo a tomar mi puesto -toma un trago de su copa y sigue hablando mientras los suyos y sus amigos le miran atentos-, puesto que deje a mi hija London. Cuando vuelva a casa dentro de unas horas verificare que es lo que ha cambiado, porque toda humanización evoluciona en algo bueno o malo y yo apoyare a una causa o otra -Damon en vez de mirar a Valtor me miraba a mi. Me estaba sonriendo. Si Valtor lo ve y averigua que es lo que está intentando lo mata y su prometida, London-. ¡Esta es la nueva era de Valtor Arsnicar!
La fiesta fue bien, Valtor se enteró del compromiso de London y Damon. Se puso al tanto de lo que pasaba en su casa por su mano derecha Louis. Al terminar la noche Valtor y los suyos se fueron, algunos de los míos incluida yo nos quedamos para recoger. Al terminar me fui a mi a mi habitación pero decidí ir a la habitación de Eric, toque la puerta.
-Adelante.
Entre en la habitación y me senté en la cama. Eric se encontraba en el suelo juntando unas piezas que parecían formar un dibujo.
-¿Que haces Eric?
-Resolviendo un enigma, cariño.
-¿Cariño? ¿Te tengo que decir siempre lo mismo? Nunca...
-Le digo cariño a todos -se levanta y viene hacia mi-. Buena fiesta. Tienes que hacerme una por mi cumpleaños.
-A la gran parte no le gusta celebrar sus cumpleaños desde que se volvieron inmortales.
-Porque a la mayoría no sabe que es un cumpleaños.
Me levanto y me acerco a Eric, justo en el momento que le iba a dar mi respuesta me besa y le sigo. Me empieza a desabrochar el corsé y yo a el la camisa. Me tumba en la cama y se queda encima mio, me destroza el vestido y yo cruzo las piernas en sus caderas. Le sigo el juego un poco más. Le giro y me pongo encima de él y le acarició el pecho, pongo mi pelo en mi hombro derecho y me acerco a su oído y le susurro:
-Hoy no cariño. Hoy no es tu día de suerte.
Me levanto de encima de él cojo el vestido y salgo tal y como estoy, pero antes me paro en el marco de la puerta me giro y le guiño el ojo sensualmente y me voy a mi habitación con una sensación de triunfo. Cuanto más niegues más te ansían.
                                               La realidad tiene unos labios que besan a muerte.
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