Cuando anocheció salí de la casa y me metí en mi Jaguar XF 2015 rojo y antes de poner en marcha el motor me saque mi barra de labios de color escarlata y volví a pintarmelos de nuevo a pesar de haberlo hecho antes, luego encendí la radio y conecte mi teléfono al coche, seleccione mi carpeta de música y puse el coche en marcha. Las vistas de la ciudad desde el puente eran increíbles hasta que me metí en un atajo que va por un camino de tierra lleno de árboles gigantes y al cabo de media hora volví a entrar en carretera asfaltada en dirección al aeropuerto.
Di la vuelta al aeropuerto y aparque al lado de mi avión privado. Salí y entregué las llaves a un hombre. Abrí el maletero y mande poner mis maletas dentro. Cuando entro dentro del avión el piloto sale y me dice que la ruta está preparada y que despegariamos en cinco minutos. Cuando ya nos encontrábamos en el aire fui a detrás de la barra a buscar una bolsa de sangre y de paso saqué una botella de bourbon que ni duró la mitad del viaje.
Llegamos a la una de la madrugada a Nueva York. Cuando baje los hombres estaban guardando las maletas en mi nuevo coche, el Audi Tron. Entré, cerré la puerta, conecté el móvil y llamé a Jane Anne que solo al quinto intento me respondió al teléfono con una voz ronca, que daba la impresión de haber gritado toda la noche.
-¿Se puede saber que te pasa en la voz?
-Buenas noches a ti también, Beatrix. ¿Qué me cuentas querida?
-Ya estoy camino a tu casa, tardaré media hora.
-¿Tanto?- dijo sacando su voz chillona.
-Si… Voy a ir por el centro de Nueva York. No puedo volar.
-¡Es verdaaad! Bueno querida tarda todo el tiempo que quieras -Jane Anne al teléfono parece demasiado nerviosa, algo está haciendo o ya lo ha hecho- incluso si quieres… no vengas que no te juzgaremos.
-¿Se puede saber que te pasa? ¿No ir? ¿Qué has hecho Jane? Y ¿juzgaremos? ¿Quién más me juzgaría a pesar de ti?
-Eh…. Ehm…. nadie Beatrix. Mezclar bebidas alcohólicas me ha hecho muy mal.
-Cariño, no te olvides del aperitivo -decía un hombre a lo lejos con una voz, una voz que me sonaba pero no se quien podría ser. Seguramente sera algun tio de los que me había presentado hace unos meses. Tiene una colección que le serviria para ponerla en museo-.
-Vale, ya te lo llevo -le gritó a ese tipo y a mi casi me deja sorda-. Adiós Beatrix -me dijo nerviosa y ansiosa, me colgó dejándome en la boca el adiós.
Ni siquiera la música de ACDC me sacó de mi mente, seguía pensando en la voz de aquel hombre. Jane tenía tendencia a acostarse con hombres que antes se habían acostado conmigo pero la verdad con el que estuvo más tiempo fue Eric hasta que él se aburrió de ella, aunque no creo que sea Eric el tipo que del teléfono, no le hubiera dado tiempo a llegar ademas de que tenía que resolver unos asuntos con unos empresarios y tampoco vendría porque luego a la anochecer daría un banquete. Después de atravesar el centro de Nueva York entré en el parking del edificio y aparque el coche, salí, abrí el maletero, saque las maletas y cerré el coche. El ascensor tardó un minuto en llegar. Abri sus puertas y entre, dejé las maletas y pulsé el 102. Los números iban pasando hasta que llegó mi número y las puertas abrierón pero para mi sorpresa no había nadie en el recibidor ni en el salón, no había sangre pero si había copas y botellas y jarrones rotos en el suelo y una mesa de mezclas. El hombre con el que ella seguramente está es un mortal. Sigo recto y entró por una puerta corredera abierta a un pasillo que a mi derecha tiene unas ventanas grandes con vistas a Nueva York a las que miro unos segundos y despues sigo el pasillo y me tuerzo a la derecha y sigo el pasillo amplio hasta la puerta que es mi habitación, que no se como está medio abierta y a la que se oye a una mujer que por su voz es Jane Anne. No me lo pienso ni dos veces y abro la puerta y cuando miro que quedó como digo yo in albis -que significa en blanco-, mi mente vuelve y procesa todo lo que ve. A un hombre que era una persona maravillosa, amable, gentil y cariñoso atado a una cama con una arpía encima de el -si, una arpía, no me llevo bien con ella pero tengo que hacer un esfuerzo ya que es la hermana de Damian-, no lo entiendo.
-Eh… eh… ehm. Vale… yo... -creo que me estoy sonrojando porque siento mi mofletes quemando, di algo y vete- me iré a otra habitación -dije señalando nerviosa a no se donde- ¡que aproveche! - Saqué la sonrisa nerviosa y camine rápido hacia una habitación que se encontraba más adelante por un pasillo que daba a la derecha- ¿Qué aproveche? ¿Qué aproveche? ¿En serio, mujer? ¡Podrías haber dicho algo más ingenioso! -tengo que cambiar el hábito de hablar conmigo sola y en casos como los de antes aprender a decir algo mejor.
-¡Hey, Beatrix! ¡Espera! -me gritaba el desde detrás mío-.
-Creo que he tenido suficiente verte atado a una cama y … En serio, tio, he tenido suficiente.
-No es lo que parece… -tenía cara de arrepentido y me encantaba cuando ponía esa cara de tio malo con esos ojos azules, me derretia. ¡Mierda! ¡Calla!-. Mira, estábamos de fiesta e hicimos una apuesta que al final nos llevo a esto.
-Tio, ¿es que no entiendes que he tenido bastante? Tu no me gustas y no soy tu novia asi que no necesitas darme explicaciones. Si me permites voy a dormir. No os corteis por mi, seguid como estabais. Yo… -aqui viene mi plan- yo solo voy a ducharme y a enfundarme en mi mejor lencería de encaje y a arropar a este cuerpo suave como el terciopelo en la cama, -mientras se lo decía me tocaba el cuerpo despacio- así que no os preocupeis ni mucho menos tu -baje la cabeza, di un suspiro, cogí las maletas y me fui a la habitación caminando lentamente, podía oír al corazón de James latiendo a mil por segundo, Jane Anne cero, Beatrix uno. Esta noche se queda sola. Mi yo interior saltaba y diciendo “¡Bien!”-.
Si que me bañe, pero no me puse una lencería de encaje sino que me puse una camiseta de tirantes con unos leggins viejos, y me dormí.
Veras a la muerte en toda su belleza, a la vida tal como solo se conoce en el mismo punto de la muerte.

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